"Cuando doy vuelta en mi mente a las más prudentes y santas instituciones de los Utopianos, quienes tienen pocas layes y aún así se administran tan bien que la virtud es recompensada y sin embargo, dado que todo es igualitario, todos tienen suficiente de todo, y luego cuando contrasto sus costumbres con las de otras naciones, siempre promulgando ordenanzas pero ninguna de ellas logrando jamás el orden, donde lo que sea que una persona pueda obtener lo llama su propiedad privada, donde una masa de leyes, promulgadas día tras día, nunca son suficientes para asegurar que cualquiera pueda proteger lo que cada uno llama su propiedad privada o incluso adecuadamente distinguirla de lo que pertenece a otro (tal y como podemos fácilmente ver de las infinitas demandas legales que siempre son llenadas pero nunca concluidas), cuando considero estas cosas, yo digo que tengo una opinión más elevada de Platón y no me sorprende que él no se dignara a hacer ley alguna para personas que no aceptarían leyes que requieran que todos los bienes sean distribuidos igualitariamente por todos. En su gran sabiduría el fácilmente previó que el único camino para el bienestar del público es una distribución igualitaria de los bienes; y yo dudo que esta igualitariedad pueda mantenerse donde cada individuo tiene su propia propiedad. Porque donde todos tratan de tener un título claro sobre lo que puede obtener, entonces sin importar cuán abundantes sean las cosas, algunos pocos hombres dividirán todo entre ellos, dejando a todos los demás en la pobreza. Y usualmente sucede que cada clase se merece la situación de la otra, dado que una es rapaz, malintencionada y sin valor alguno, y la otras está hecha de hombres simples y modestos cuya labor cotidiana contribuya más al bien común que a ellos mismos."

Moro, Tomás (1516) Utopía.